Un proceso contínuo...
Si bien el ser papá fue un hecho soñado por años y planeado por mucho tiempo; tan planeado que mi mujer tuvo que superar 3 intervenciones médicas previas para poder quedar embarazada. Al momento de enterarme de que estábamos esperando un bebé fue una situación que me costó trabajo asimilar, no porque no quisiera o me negara a esa situación, fue difícil de asimilar porque no me caía el veinte, era demasiado hermoso para ser real. Durante mucho tiempo fue tan guajiro que cuando por fin fue real, fue verdaderamente increíble.
Por momentos, muchos y largos, me olvidaba de que sería papá hasta que alguien me lo recordaba con alguna pregunta o alguna típica y coloquial expresión, de esas que te hacen varias veces: "¿Como se siente?", "¿Estás listo?", "¡Chale! ¡Que huevos tienes!", "No mames, esta cabrón, no puedo ni con mi perro, ya me imagino si tuviera un chamaco" y una gran variedad de este tipo de observaciones poco funcionales para una buena reflexión y mínimamente motivadoras, pero para el caso ayudaban a recordar que sería papá, que ya ese sueño que tenía se estaba convirtiendo en un gran paso para mi vida.
Recordarlo era sinónimo inconsciente de sonreír, de sentir la piel erizada, emocionarme, sonrojarme y empezar a sudar frío lentamente sabiendo que llegaría una personita inocente, tierna, juguetona, hambrienta, con necesidades, con visitas continuas al médico, con toda la intención de vestirse diario, de cambiarse el pañal varias veces al día, de necesitar muchas cosas. En ese momento alborotaba la cabeza para quedarme con la primera parte de estas sensaciones y seguir chambeando.
Inevitablemente tocar la panza de mi mujer se convirtió en un vicio, aun no se sentía nada pero para mi era sentir todo.
Hoy en día, ya mucho menos frecuente y solamente ocasional, me despierto en la madrugada sabiéndome preocupado sin saber exactamente de que, hasta que un chillido a lo lejos me lo recuerda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario