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GUERRERO SEBASTIÁN... (DÍA 0)

...Una batalla para reconocer, recordar y compartir


Eran alrededor de las 11:34 de la noche del jueves 24 de septiembre, esa noche mi princesa se había ido a dormir a casa de sus abuelos, así que sólo estábamos mi mujer, mi bebé y yo. Recuerdo que mi mujer estaba intentando darle de cenar a Sebastián pero a él le estaba costando trabajo hacerlo, Karla tenía una molestia muy fuerte en el brazo (resultado de haberlo cargado todo el día porque había estado un poco molesto), le pedí que me lo pasara para yo darle de cenar y ella se pudiera dormir. A duras penas se tomó 2 onzas de leche y ya no quiso seguir, lo abracé, lo arrullé, lo acosté a mi lado y el no podía concebir el sueño, apenas parecía que ya iba a caer cuando un tipo de impulso lo hacía reaccionar, daba un brinquito y volvía a estar despierto; comenzó con quejas discretas pero continuas. Para esto, cabe mencionar que ese mismo día a las 18 horas aproximadamente estábamos en el consultorio del pediatra ya que Sebastián había tenido un día con ciertas molestias que no lo dejaban tranquilo y a nosotros nos tenía muy intranquilos, el doctor lo revisó de pies a cabeza literalmente, le tomó la temperatura, le hizo movimientos en todo el cuerpo y Sebastián solo se reía y por momentos soltaba alguna quejita, hasta que el doctor se dio cuenta que tenía muy irritada su garganta producto de una pequeña infección que lo había aquejado días antes y que le habían provocado una aftita, así que, al encontrar sólo esta irregularidad, concluyó que las molestias que aquejaban a mi pequeño bebé eran resultado de la irritación en su garganta por lo que le dio un analgésico para calmar dichas molestias y todo parecía volver a la normalidad. 


Hasta que a media noche retomó una secuencia de quejas discretas, poco ruidosas pero muy continuas, no había forma de calmarlas aunque el no notaba algún fuerte dolor o malestar, sólo, como explico, pequeñas y seguidas quejitas. Por obvias razones Karla no pudo seguir en su profundo sueño, se levantó, se unió a nuestro esfuerzo por relajar a mi gordo y todo intento resultaba imposible. Por ahí de la 1:30 de la mañana, ya notábamos mas síntomas poco comunes en él, cambio leve del color de sus labios, ojos opacos, ya le costaba algo de trabajo controlar el movimiento de sus ojos, sin poder hacer cesar sus pequeños quejidos. Así que decidimos recurrir al pediatra, quien al saber los síntomas tanto de ese momento como de algunas horas atrás, recomendó una toma de Neo-Melubrina con la consigna de marcarle una hora después para ver como evolucionaba. No habían pasado más de 25 minutos cuando el pediatra nos regresó la llamada para saber como seguía, no había cambio alguno, al contrario, todos los síntomas presentados se agudizaban. Nos pidió que nos fuéramos a la brevedad al hospital para poderlo revisar personalmente, le hizo exactamente la misma revisión que había practicado horas antes en su consultorio, encontró cambios drásticos, su cuello presentaba rigidez, el bebé ya presentaba deshidratación, sus quejidos y el descontrol de su mirada se agudizaban y así la pesadilla comenzó.... "Todo parece indicar que es meningitis", dijo el doctor un poco confundido ya que el bebé no tenía temperatura alta, como suele pasar con infecciones fuertes, "le haremos estudios de sangre y lo internaremos pensando que así es para irle ganando tiempo al tiempo mientras salen los resultados completos". Lo acompañamos a su habitación de terapia intensiva y al querer entrar una enfermera nos pidió que nos esperáramos afuera. Aquí fue cuando sentimos una punzada fuerte en el pecho, cuando nuestros mas fuertes sentimientos se vieron comprometidos, cuando las preguntas empezaban a retumbar en nuestra cabeza, cuando la confusión se apoderó de nuestro consciente, cuando todo comenzó a nublarse, cuando los minutos se hacían eternos y las horas interminables; cuando el dolor, la tristeza y la desesperación se impregnaron a nosotros, cuando sentía que mis abrazos, besos y palabras eran totalmente insuficientes para reconfortar a mi mujer, cuando eso que más temes en la vida esta sucediendo.  

Después de muchas horas de espera desesperada, salió el pediatra acompañado del médico internista, sus caras no auguraban alguna buena noticia, nos sentaron y nos explicaron claramente que estaba sucediendo y que estaba por suceder, el diagnóstico no era nada bueno y los pronósticos nada alentadores. 


Es justo aquí, cuando entendimos de que se trataba todo esto, cuando entendimos lo brutal de esta infección, cuando entendimos que nuestro pequeño guerrero estaba por iniciar una gran batalla... 












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